viernes, 11 de septiembre de 2015

Réquiem por Flor Alba... Emputado

Emputado con el periodismo de estratos




Me emputa este periodismo colombiano estratificado, incluso ante la violencia. Hace dos horas asesinaron a una joven periodista en Pitalito; dos sicarios le dispararon a mansalva y sobre seguro cuando iba a entrar a su emisora, La Preferida, en pleno ejercicio de su oficio. Flor Alba Núñez Vargas, 25 años de edad, reportera del canal local 6 de Claro, corresponsal del canal Nación TV y conductora de su espacio radial. 




¿Sabían, saben, que Flor Alba es LA tercera PERIODISTA (mujer) asesinada por sicarios en la historia del país? Antes de ella cayeron Amparo Jiménez, en Valledupar, y Silvia Duzán, en Santander. 

Con contadas excepciones - eso es lo que me emputa - llevo dos horas esperando que Julito, Vicky, Darío, Yolanda, Juan Roberto, Gurisatti, Pombo, Cano y otras super estrellas de los medios bogotanos digan algo, se pronuncien, salgan al aire o escriban rechazando, repudiando, clamando justicia, lamentando el hecho. Mataron a una periodista, TAN importante como ellos, acto que en cualquier otro lugar del planeta provocaría de inmediato una cruzada unificada de los medios de comunicación.

Supongo que me quedaré esperando que eso pase. Flor Alba, Florecita como le decíamos sus amigos y colegas en Pitalito, no era super estrella, no conducía un canal privado nacional, no era columnista de las que dicen lo que se estarán preguntando, no hacía parte de la selecta élite mediática, no tenía escoltas ni carros blindados, no almorzaba en Harry´s Bar ni en Hatsuhana ni tenía casa de descanso en Anapoima.

Vivía en arriendo.
Desayunaba y almorzaba en su casa.
Andaba a pie o en moto.
Su sueldo era la suma apretada de tres trabajos, dos en televisión y uno en radio.



Era, eso sí, mucho mejor periodista que varias de esas super estrellas: se jugaba la vida a diario en la moto, con un micrófono a la mano y a veces transportando a su camarógrafo en el pequeño vehículo; ganaba una ínfima porción de lo que los "famosos" colegas reciben, arriesgaba su pellejo publicando capturas de peligrosos delincuentes, alguno de los cuales bien podía esperarla en la puerta de su canal o de su emisora e insultarla, golpearla... o dispararle como hoy. 

O mostrando las dos caras de un hecho, como entrevistar a unos sujetos que ahorcaron al perro Dominic y provocaron repudio nacional, especialmente entre los llamados "animalistas", varios de quienes luego la insultaron y amenazaron en su cuenta de Facebook por cumplir con su deber de escuchar las dos versiones; o cubrir el proceso electoral de manera equilibrada, disputa en la que los candidatos a la Alcaldía de Pitalito se juegan un presupuesto anual de $150 mil millones. 

Florecita manejaba el equilibrio, la ponderación y el justo medio de una noticia, aquello que los corruptos y los criminales aborrecen porque atenta contra su deseo de no solo robar el dinero público o asaltar y atracar, sino de que la sociedad no se entere o les crea su "presunta inocencia".

¿Abrieron al mediodía los noticieros de Caracol y RCN con la noticia del asesinato de una periodista en Colombia? ¿En primera plana de El Tiempo, El Espectador, Semana en sus portales virtuales? ¿La FLIP y Fecolper y la SIP ya emitieron comunicados exigiendo pronta captura de los responsables? Nada.
También estoy a la espera de eso, casi tres horas después del asesinato de Florecita y cuando ya el hecho ha sido divulgado por otros medios. 



Me emputa señoras y señores esa hijueputa estratificación de nuestro periodismo. Flor Alba Núñez Vargas era una periodista TAN importante como Usted o como yo. Y su asesinato, brutal, merece la misma atención. Cuando eso llegue a pasar, alguna vez, creeré que vivo en un país decente. Por ahora, como todo en esta sociedad nacional desgarrada y harto desequilibrada, seguiré a la espera...

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