martes, 5 de mayo de 2015

Nadie robó el libro

Un buen libro siempre tendrá quién lo tome prestado. Y no lo devuelva

Varios actos de estulticia nacional




Melquisedec Torres
Periodista


El préstamo sin permiso, no el robo, de un libro de la primera edición de “Cien años de soledad”  de una vitrina en la Feria del Libro de Bogotá el pasado 2 de mayo de 2015 ha dejado en evidencia – otra vez – la estulticia temporal nacional (estulticia tiene como sinónimos necedad, tontería, estupidez, es decir una literal bobada).

Afirmo que el libro no fue robado. ¿Quién ha dicho que los libros se roban? No, eso no existe. Los libros se reciben bajo préstamo y no se devuelven, o se toman prestados sin permiso del tenedor. Y tampoco se devuelven; el único requisito es que el libro sea bueno pues los malos tienen poco chance de circular, es decir de que otros se los lleven y no los regresen, o si se los llevan los devuelven de inmediato.

Pues la estulticia temporal nacional ha llegado a límites insospechados convirtiéndonos en el hazmerreír del resto del planeta, no por la desaparición del libro sino justamente por las reacciones absurdas que esto ha desencadenado. Primero, dizque la indignación “del país” por un supuesto acto contra el patrimonio nacional; luego, que es tan valioso el libro “que es invaluable” dijo su anterior tenedor, don Álvaro Castillo quien, por su trayectoria como conocido librero bien debería tener en cuenta que el robo de libros no es un hecho que alguien haya podido probar; y por ahí desfilaron la Ministra de Cultura, el Director de la Policía Nacional y el presidente de Corferias quien dijo la única cosa coherente de todo este embrollo: que no hubo forcejeo o violencia para llevarse el ejemplar. Es decir que fue, como debe ser, un préstamo pacífico, tranquilo y con el suficiente tacto para no molestar al resto de libros. Ah, y especialmente un señor fiscal quien, con toda la ceremonia propia de un burócrata que quiere pasar a la historia, miente al afirmar que el autor del “robo” podría recibir una condena de ¡20 años de cárcel! Ya les diré porqué miente el fiscal asignado al caso.

Como siempre quedan cabos sueltos para dar paso a otros actos de estulticia, estas precisiones objetivas:

1.    El libro tomado en préstamo no es un incunable ni único. Los incunables son esos textos rarísimos que se hicieron en el primer medio siglo después de que don Juan Gutenberg inventara la imprenta, esto es entre 1453 y 1500.

2.    No es único. Es uno de los 8.000 ejemplares que salieron a la venta en 1967 de la primera edición de “Cien años de soledad” de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires. Así que por ahí andan otros 7.999 o poco menos ejemplares similares. Y en Internet se encuentran a la venta varios de esa primera edición, algunos con firma del autor, con precios entre $2.5 millones y $50 millones.

3.    No es el único firmado por el autor, Gabo. Decenas de miles de personas lograron que el hijo del telegrafista de Aracataca les firmara un ejemplar de uno de sus 11 novelas, 12 libros de cuentos, 22 textos de no ficción, 10 guiones para cine y teatro y el primer tomo de sus memorias.

4.    No existe en Colombia ninguna posibilidad de que alguien, por el solo hecho de robar algo, sea condenado a 20 años de prisión (excepto si se trata de recursos públicos y Usted no negocia con los fiscales). Otra cosa es que el ladrón secuestre o asesine al dueño de la cosa robada; eso es otro delito, no simplemente hurto. Según el Código Penal (Ley 599 de 2000), que pareciese que el burócrata fiscal no ha leído, la pena máxima por el más impresionante hurto calificado y agravado sería de 15 años. Y ello solo si se hizo con violencia sobre personas y si se cometió en una o varias de 15 condiciones.

5.    Este caso, si llegásemos al exabrupto de considerarlo un robo, no sería más que hurto simple, cuya pena es de 2 a 6 años de prisión. Y como nadie va a la cárcel si la pena mínima es menor a 4 años, pues el ávido lector  que tomó el texto podría seguir leyéndolo en su casa (dudo que sea tan pendejo como para tenerlo a la vista cuando lo detengan. Y sin cuerpo del delito ¡no hay delito!).

6.    El libro que desapareció en la Feria no es patrimonio nacional aunque el señor fiscal quiere que lo sea. Y eso no lo determinan ni él ni un juez sino las autoridades administrativas, y para que se le considere patrimonio nacional ello debió ocurrir antes de la desaparición, no ahora, y su proceso es tan engorroso que podemos llegar a la Feria del 2016 sin que pudiese serlo.

7.    A menos que aparezca una grabación de video en la que se observe, sin dubitación, quién tomó el libro, este seguirá gozando del afortunado anonimato. Y si alguien llegase a descubrir el texto en la biblioteca del audaz individuo, este bien podría arrancar – en un doloroso proceso – la hoja donde Gabo estampó su firma con dedicatoria y con ello nadie podría probar que es el mismo que se había dispuesto en la vitrina de la Feria. Bueno, no tan doloroso porque al fin y al cabo no se lo dedicó a él sino al señor Castillo (y él, sin esa inscripción, dejaría de ser el tenedor legítimo), amén de que una dedicatoria ajena es como una carta entregada al destinatario errado.

Haberse muerto Gabo. Nos hubiese deleitado con la crónica  de un robo que solo era un préstamo sin devolución o un relato de un libro que, allí, en esa vitrina anodina, ya era náufrago sin lector. Bien que lo hayan rescatado de su lastimera condición de pieza de museo.

Bogotá D.C., 5 de mayo de 2015



1 comentario:

  1. Qué es lo valioso en este caso,
    La edicion o el contenido;
    Una vez mas, todos en coro,
    Chupamela Gabo.

    Saludos,
    DNC.

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