jueves, 28 de agosto de 2014

De dos cosas alucinantes

El embrujo Maya
Melquisedec Torres
Periodista
Invito a leer esto advirtiendo que no pretendo - porque no puedo en este caso - parecer imparcial.

Se está volviendo alucinante el análisis que algunos poderosos columnistas y periodistas hacen, a diario o semanalmente, de las controversias políticas, perdiendo de lejos la sindéresis y el buen juicio que uno esperaría de quienes gozan del privilegio de generosos espacios en los más fuertes medios de comunicación. Me referiré a dos casos.

1. La columna más reciente de Antonio Caballero en Semana titulada "Los hermanos enemigos". He escuchado a varios líderes de opinión y periodistas decir que fue un escrito "genial", "muy creativo", "propio de un gran escritor", "impresionante retruécano, juego de palabras", y que en modo alguno puede considerársele un agravio o cosa parecida contra el ex ministro Fernando Londoño, quien es comparado (1 x 1) con el jefe de las FARC "Timochenko". Véase no más este aparte: "No solo porque ambos hayan sido perseguidos y condenados por la Justicia. El exministro (de Justicia) por la Superintendencia de sociedades, la Procuraduría, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, por abuso de autoridad, conflicto de intereses y prevaricato; y el guerrillero también por otras tantas instancias judiciales por asesinato, secuestro, asalto y reclutamiento de menores y delitos conexos".

Más allá del odio visceral que algunos puedan sentir por cualquiera de los dos personajes - y uno está en todo su derecho de amar u odiar a alguien o ser indiferente - es alucinante que se puedan comparar las conductas - objetivamente señaladas - de uno y otro: Londoño cometió abuso de autoridad, irrespeto a la autoridad y conflicto de intereses, y fue sancionado por la Procuraduría. Incurre Caballero en crasos errores, en un columnista de esa estatura, pues ni la Supersociedades ni la Corte Constitucional "condenan", y las sanciones contra Londoño fueron impuestas únicamente por la Procuraduría que, a su vez, no hace parte de la Rama Judicial, de manera que el abogado caldense no ha sido ni "perseguido y condenado por la Justicia", sino por faltas disciplinarias. En fin.

El otro, "Timochenko", es responsable de terrorismo, asesinatos, secuestros, asaltos, mutilaciones, reclutamiento de menores y un sinnúmero de delitos más contra la vida de miles de personas. ¿Ha asesinado a alguien Londoño Hoyos, le ha puesto una bomba, ha mutilado seres humanos? Contrario a ello, el ex ministro fue víctima de uno de los atentados más impresionantes cometidos contra alguna persona en el país, cuando las mismas FARC (mandadas por "Timochenko") pusieron una bomba de avanzada tecnología contra su vehículo a plena luz del día, en una céntrica calle congestionada de Bogotá, asesinando a dos valientes escoltas y dejando herido a su "objetivo". Pero no solo ello. Hace ya 45 años su padre, Fernando Londoño Londoño - calificado por muchos como el más grande orador en la historia nacional - fue víctima de secuestro porque los secuestradores creían que él era el dueño del estadio de Manizales que llevaba su nombre; su tío Hernán fue secuestrado en 1987 por el EPL en Riosucio y luego asesinado, al igual que el esposo de una sobrina, Luis Fernando Gallo, quien murió también a manos de sus captores.

Alucinante que se pueda llamar "genial escrito" aquel en que se pone en el mismo plano de responsabilidades a la víctima (Londoño) y al victimario ("Timochenko") como lo hace Caballero: "Los dos son dueños, o esclavos, de una retórica ruidosa y ampulosa, campanuda, hiperbólica y teatral. Incendiaria. Pensada –o ni siquiera pensada: nacida naturalmente – para incitar a la violencia".

Dije al inicio que no puedo aquí parecer imparcial. Trabajé con Fernando Londoño en Radio Super (no Radio Santafé como también se pifia Caballero), como Jefe de Redacción de su programa La Hora de la Verdad durante 32 meses, de lunes a viernes, compartiendo cabina y consejos de redacción unas seis horas diarias. 
En varias ocasiones controvertí sus opiniones, puntos de vista y relatos, al aire y en los consejos de redacción; otros los compartí, unos más los disfruté como aquellos de historia universal que ejecuta con increíble capacidad intelectual y memoria, sin un apunte siquiera a la mano, y muchos más fueron intercambio de banalidades sobre el deporte o el chismorreo político. Respetó mi opinión siempre, excepto una sola vez cuando, en una polémica intrascendente sobre toros y erotismo en la Feria de Manizales, decidió privilegiar su postura a favor y en contra de una y otra cosa, y en un arranque de enojo suyo y mío, decidí abandonar el programa. Londoño, por encima de todas sus virtudes y defectos, tiene una característica esencial: es honesto con lo que piensa y lo dice, no se escuda en el periodismo para dárselas de "objetivo" o "imparcial", desde el primer día de su programa anunció que sería un espacio radial con un enfoque ideológico hacia la derecha. Y así ha sido. 
Hace ya ocho años que salí de su programa radial (que ahora emite en Radio Red de RCN).

Y quizá hasta sea razonable en medio del berenjenal político que varios columnistas, líderes de opinión y políticos compartan la absurda comparación de Caballero. Lo que me suena muy harto cuestionable es que periodistas - periodistas (como diría doña Vicky) asuman que eso está muy bien, que Londoño se lo merece, que sí es equiparable y equivalente el ex ministro al asesino "Timochenko". Y dejen ver su odio, inquina o animadversión contra el abogado en el cubrimiento noticioso y en sus opiniones vertidas en las redes sociales, perdiendo las proporciones que dan la razón y el buen juicio. 

¿Dirían lo mismo si Caballero comparase - en el mismo plano - a Iván Cepeda con Carlos Castaño, a Piedad Córdoba con Mancuso, a Jorge Enrique Robledo con "Don Berna"? Dudo mucho que el mismo Caballero lo haga. Y no debería hacerlo porque sería igual de injusto a lo que ha hecho con Londoño Hoyos. 
Imperio Maya
2. Fue electo (no elegido, que es el predestinado, escogido por Dios para lograr la gloria), el abogado Edgardo José Maya Villazón como nuevo Contralor General de la República. Maya, "elegido" realmente por la Casa de Nariño, llega a otro alto cargo de la Nación no propiamente en medio de vítores unánimes de los medios y opinadores, pero sí tranquilo y sin ningún cuestionamiento ni controversia.

Y vaya uno a ver. Maya, en su ejercicio como Procurador General por ocho años, hizo de su cargo lo que todos sus predecesores y sucesores: convertir a la entidad en un botín político gracias a más de 700 cargos con jugosos sueldos, el menor de ellos entre 8 - 10 millones de pesos mensuales. Pero también ejerció de notable "chuzador": mantuvo en uno de los pisos superiores una central de interceptación de comunicaciones - que ninguna Ley o norma inferior le autorizaba - ¿para qué? Pues para escuchar subrepticiamente a quien le viniese en gana. ¿Alguien se escandalizó por esto, pidió explicaciones, armó debate? Varios ex funcionarios del extinto DAS han sido destituidos y/o condenados - con todo acierto - por esa misma práctica. ¿Alguien ha cuestionado al nuevo Contralor por esa oscura sala desde donde cuántas cosas ilegales se hicieron?

Y un detalle igual o más revelador del paso del vallenato Maya por la Procuraduría: en enero de 2003 estremeció al país anunciando que investigaría a 206 congresistas (senadores y representantes a la Cámara, es decir a casi todo el Capitolio) por tráfico de influencias en el nombramiento de 540 funcionarios del entonces contralor Carlos Ossa Escobar. Un año y medio después, Maya y su viceprocurador Carlos Arturo Gómez Pavajeau ya habían absuelto a casi todos los congresistas o, peor, habían dejado prescribir (paso inexorable del tiempo) o anulado la mayor parte de los casos. El sonoro caso terminó en una risible sanción de unos días de salario contra el senador Jaime Dussán y otros siete congresistas, y las tres cabezas de la Contraloría: Ossa Escobar, José Félix Lafaurie, vicecontralor, y Mauricio Casasfranco, director administrativo. Los restantes 198 parlamentarios gozaron de la absolución, nulidad y prescripción del Imperio Maya.

Debo recordar que esa multitudinaria absolución fue mantenida en silencio por los medios de comunicación en 2004 pese a que, un año atrás, habían elevado a la gloria celestial a Maya por atacar la politiquería y el clientelismo en la Contraloría. La descubrimos por derecho de petición a mediados de 2004. Nadie volvió a ocuparse de esa enormidad a tal punto que ahora, diez años después, tendremos a Maya como jefe del control fiscal.

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